
LPA Beer & Music Festival 2025: tres días de música, cerveza y locura colectiva frente al mar
El verano se despidió en Las Palmas de Gran Canaria exactamente como debía hacerlo: con guitarras rugiendo, vasos en alto, miles de personas cantando al unísono y un Parque Litoral El Rincón convertido durante tres días en una auténtica fiesta sin pausa. El LPA Beer & Music Festival 2025 volvió a demostrar por qué se ha ganado un hueco privilegiado dentro del calendario musical canario, firmando una edición multitudinaria, vibrante y cargada de momentazos difíciles de olvidar.
Desde el viernes hasta el domingo, el recinto respiró música prácticamente sin descanso. Familias, grupos de amigos, veteranos del rock estatal, amantes del mestizaje, público festivalero y curiosos convivieron en una edición que volvió a destacar por algo que ya es marca de la casa: un ambiente increíblemente cercano, distendido y con ganas constantes de celebración.

Un viernes incendiario para arrancar motores
La primera jornada dejó claro desde temprano que esta edición venía fuerte. Las camisetas negras, los vasos de cerveza y los primeros pogos comenzaron a aparecer desde la apertura de puertas, calentando el ambiente para una noche absolutamente demoledora.
Cuando Porretas saltó al escenario, el recinto ya era una olla a presión. Himnos coreados de principio a fin, abrazos entre desconocidos y ese espíritu callejero tan característico de la banda madrileña marcaron uno de los primeros grandes momentos del festival.
Después llegaron Reincidentes, convirtiendo El Rincón en una explosión colectiva de energía. El público respondió entregado desde el primer acorde, cantando cada tema como si fuera un himno generacional.
La intensidad siguió subiendo con Soziedad Alkoholika y Narco, responsables de algunos de los momentos más salvajes del fin de semana. Pogos gigantes, una potencia sonora brutal y una conexión absoluta con el público cerraron una primera noche que dejó al festival literalmente temblando.



Mestizaje, baile y pura conexión el sábado

El sábado cambió el tono pero mantuvo la intensidad emocional. La segunda jornada apostó por sonidos más mestizos, festivos y bailables, convirtiendo el recinto en una enorme pista al aire libre frente al océano.
Uno de los momentos más especiales llegó con la aparición de G-5, el mítico proyecto formado por Kiko Veneno, Muchachito, Tomasito, Diego Ratón y El Canijo de Jerez. Su actuación fue puro desenfreno alegre: rumba, improvisación, humor y una conexión natural con el público que terminó desatando una de las grandes ovaciones del festival.
León Benavente aportó contundencia y elegancia sonora en uno de los conciertos más aplaudidos de la jornada, mientras que Maruja Limón llenó el recinto de ritmo, frescura y muchísimo baile.
La noche también tuvo espacio para los sonidos urbanos y contemporáneos con Sofía Gabanna, que conectó especialmente con el público más joven, y Said Muti, encargado de seguir elevando la temperatura emocional del festival.



Un domingo para cantar absolutamente todo
La última jornada llegó con ese sabor a despedida que tienen los domingos festivaleros, pero lejos de bajar revoluciones, el público volvió a responder desde primera hora.
El cierre apostó por un formato mucho más festivo y transversal, con tributos y bandas capaces de convertir el recinto en un karaoke gigante. Y funcionó.
Rock & Ríos Band levantó una enorme ola de nostalgia y rock clásico, mientras que La Boina de Fito consiguió que miles de gargantas corearan canción tras canción. El ambiente fue especialmente familiar durante toda la jornada, con asistentes de todas las edades disfrutando juntos frente al escenario.
Punk Sailor y Los Salvapantallas terminaron de poner patas arriba el recinto antes del cierre definitivo de un festival que volvió a demostrar que sabe perfectamente cómo conectar con su público.
Mucho más que música
Más allá de los conciertos, el LPA Beer & Music Festival 2025 volvió a destacar por la experiencia completa. Las zonas gastronómicas estuvieron llenas durante todo el fin de semana, los food trucks no dieron tregua y las barras funcionaron prácticamente sin descanso bajo un ambiente relajado y muy festivalero.
También volvió a tener protagonismo la apuesta por el talento emergente canario, con bandas locales que aprovecharon el escaparate del festival para mostrar su música ante miles de personas.
Y quizás ahí esté una de las claves del éxito del LPA Beer Fest: en su capacidad para mezclar generaciones, estilos musicales y tipos de público completamente distintos bajo una misma sensación colectiva de disfrute.
Porque durante tres días, El Rincón no fue solo un recinto de conciertos. Fue una celebración continua del directo, del verano y de esas noches que terminan convirtiéndose en anécdotas para recordar durante mucho tiempo.
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