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PEÑÓN FEST 2025

Peñón Fest 2025: Tenerife volvió a bailar, cantar y emocionarse bajo las luces del Palmétum

Santa Cruz de Tenerife vivió uno de esos festivales que dejan resaca emocional durante días. El Peñón Fest 2025 convirtió el Parking del Palmétum en una enorme celebración colectiva donde el indie, el pop alternativo y la energía festivalera se mezclaron con el aire atlántico, los atardeceres infinitos y miles de personas entregadas desde el primer concierto hasta el último acorde.

La novena edición del festival regresó el pasado 25 de octubre con un cartel diseñado para conectar generaciones y estados de ánimo completamente distintos. Y lo consiguió. Porque durante más de diez horas, el Peñón Fest volvió a demostrar que no necesita artificios gigantes para convertirse en una de las citas musicales más especiales del calendario canario.

Un recinto convertido en una fiesta permanente

Desde primeras horas de la tarde ya se respiraba ambiente de festival grande. Grupos de amigos buscando sitio frente al escenario, vasos en alto, colas en los food trucks y un recinto que poco a poco empezó a llenarse de ese murmullo previo que anuncia una noche potente.

El Palmétum volvió a funcionar como escenario perfecto para el festival: abierto, cómodo, con vistas privilegiadas y con esa sensación constante de estar viviendo algo especial frente al mar.

Entre concierto y concierto, el público se repartía entre las zonas gastronómicas, las áreas de descanso y los espacios de ocio que terminaron funcionando como auténticos puntos de encuentro durante toda la jornada.

Dani Fernández desató la locura colectiva

Uno de los momentos más esperados de la noche llegó con Dani Fernández. Y sí, estuvo a la altura de todo lo que se esperaba. Desde que apareció sobre el escenario, el recinto entero se convirtió en un coro gigante.

Cada canción era recibida como un himno y el público respondió completamente entregado durante todo el concierto. Hubo saltos, emoción, móviles iluminando el cielo y esa mezcla perfecta entre potencia y cercanía que ha convertido al manchego en uno de los artistas más queridos del panorama nacional.

Nil Moliner puso el festival patas arriba

Si había alguien capaz de mantener la energía por las nubes después de aquello, ese era Nil Moliner. Su actuación fue una descarga continua de optimismo, baile y conexión con el público.

El artista catalán convirtió el recinto en una fiesta gigantesca donde prácticamente nadie dejó de cantar ni un solo tema. Sonrisas constantes, saltos sincronizados y una vibra tremendamente luminosa marcaron uno de los conciertos más celebrados de toda la edición.

Carolina Durante y Sexy Zebras llevaron la intensidad al máximo

La parte más salvaje y eléctrica de la noche llegó de la mano de Carolina Durante y Sexy Zebras, que transformaron el Palmétum en una auténtica caldera indie-rock.

Pogos, guitarras afiladas y un público completamente desatado elevaron la intensidad del festival hasta uno de sus puntos más altos. Carolina Durante volvió a demostrar por qué es una de las bandas más potentes del directo nacional, mientras que Sexy Zebras firmó una actuación explosiva que terminó con media explanada saltando sin parar.

Emoción, sensibilidad y momentos mágicos

La noche también tuvo espacio para los conciertos más emocionales y atmosféricos. Zahara consiguió bajar revoluciones sin perder intensidad, regalando uno de los directos más elegantes y personales del festival.

Bebe, por su parte, protagonizó varios de los momentos más coreados de la jornada, conectando con el público desde la cercanía y la emoción pura. Y Siloé terminó de completar un cartel tremendamente equilibrado, aportando una mezcla perfecta entre electrónica, pop alternativo y energía en directo.

Mucho más que un festival

El Peñón Fest 2025 volvió a dejar claro que su esencia va mucho más allá del cartel. La comodidad del recinto, la apuesta por la accesibilidad, el cuidado de la experiencia del público y ese ambiente relajado pero intensísimo a nivel emocional fueron parte fundamental del éxito de esta edición.

Porque hubo conciertos, sí. Pero también hubo reencuentros, canciones gritadas abrazando a desconocidos, atardeceres espectaculares y miles de personas compartiendo una misma sensación: la de estar viviendo uno de esos festivales que terminan convirtiéndose en recuerdo instantáneo.

Y cuando las luces se apagaron definitivamente y el recinto empezó a vaciarse lentamente, quedó la sensación de que Tenerife había vuelto a celebrar uno de sus grandes rituales musicales del año.

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